Un tremendo triunfo quedó aparcado por una derrota conmovedora. El pasado 1 de febrero el mundo veía llorar de impotencia a Roger Federer tras perder la final del Abierto de Australia ante Rafa Nadal, que lo primero que hizo después de ganar fue pedirle perdón a su rival y darle ánimos. Nadal, que reforzaba su condición de número uno mundial y se convertía en el primer español en ganar en Melbourne, cedió el protagonismo al vencido en una escena eterna. Una escena que inspiró tanto a Helena López-Casares
(Orihuela, Alicante, 1973) que poco después de verla por televisión se
puso a escribir lo que serían las primeras líneas de su libro Nadal, pasión y coraje (LID Editorial) y que acaba de publicarse.
“Vi
una actitud empática que creo que hace mucha falta en esta sociedad. Vi
a un campeón al que le podía más el compañerismo que las ganas de
celebrar un título”, reconoce en esta entrevista para Cronómetro de Récords López Casares, que a partir de ahí empezó a narrar una historia de liderazgo y valores: “En
el título aparecen ‘pasión’ y ‘coraje’ porque son dos de las
habilidades más necesarias en la sociedad. Tenemos que saber qué nos
apasiona en la vida y cómo llegar a disponer de capacidad emprendedora y
valentía”. Licenciada en Ciencias de la Información por la
Complutense de Madrid, la autora es, entre otras cosas, editora, experta
universitaria en Comunicación Pública y Defensa, y colaboradora en las
escuelas de negocio EUDE y ESADE y medios como Expansión y empleo o Capitán Humano. “Esta conversación ha sido como un primer set”, concluye, divertida.
A lo largo del libro utilizas varios adjetivos (sereno, humilde, combativo…) para describir a Nadal. ¿Cuál crees que es el más acertado?
Sencillo. La sencillez te hace mostrarte como la persona que eres y te libera de tus fantasmas. La sencillez va dando humildad, serenidad… Si no eres sencillo, si no conectas con tu esencia, todo lo demás da igual. Para mí la sencillez es algo que está basado en el sentido común. Nadal es una persona muy sencilla y cercana, y lo demuestra en todas sus actuaciones. No ha perdido su esencia.
odos los que le conocen coinciden en lo mismo: “Es uno más”.
Ésa es la diferencia entre las personas que imponen, que se sienten por encima de los demás y el verdadero líder, que tiene características, competencias o habilidades con una competente colaboradora. Es consciente de cuáles son sus fortalezas y las pone en práctica, pero también es tan humilde que pule las debilidades.y no se deja arrastrar por el ego.
Es difícil encontrar en alguien la ilusión y predisposición al cambio que tiene Nadal.
Somos cambio constante desde que nacemos: nos salen los dientes, empezamos a andar… Y sin embargo somos reacios a los cambios. No todo el mundo es capaz de llevarlos a cabo, puesto que se necesita ser muy valiente para estar con variables desconocidas en las cuales no te mueves tan bien como en la zona de confort. Tradicionalmente cuando una persona afronta un cambio es porque las cosas le dan mal, pero en el mundo empresarial hay un dicho que dice que se tienen que cambiar antes. Suena facilísimo, pero a ver quién es el valiente de modificar una estrategia empresarial que funcione.
“Cambio” es una palabra contundente.
Para mí cambiar no es reinventarse, que sugiere destrucción, olvidar todo lo que he hecho y volver a empezar. Prefiero utilizar re-evolución. Antes de cambiar algo hay que hacer un examen de conciencia, analizar cuáles son nuestras debilidades y fortalezas… Es fundamental hacer una radiografía previa, pues quizás cambie algo que no tenga que cambiar. En el cuento de Alicia en el País de las Maravillas la protagonista está buscando un camino para volver a su casa y no sabe hacia dónde tirar. Se pone a llorar y un gato que va apareciendo y desapareciendo le pregunta por qué llora. “Porque no sé qué camino coger”, dice Alicia. “Si no sabes, coge el camino que sea porque tanto dará”, le responde el animal. Estar convencido es importante para los deportistas.
