Quiso el destino que Frank Shorter viera la luz en la misma ciudad que le diera gloria olímpica 24 años después. Un americano en Munich. Lo de su nacimiento en tierras germanas – el 31 de octubre de 1947- fue casual, ya que su padre se encontraba allí destinado como médico de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Lo de la gloria olímpica lo tuvo que trabajar más, y en ello influyó un talento innato para los deportes, algo que demostró desde su época escolar, un inmenso amor por el atletismo y, según sus propias palabras, “una gran disciplina y una rutina consistente día tras día”.
En Alemania pasó los primeros años de su vida antes de establecerse definitivamente con su familia en Estados Unidos. En la Universidad de Yale -donde se licenció en Psicología en 1969- destacó como uno de los mejores fondistas del país, proclamándose el año de su graduación campeón nacional universitario de los 10.000 metros. Seis años después, siendo toda una celebridad del mundo del deporte, también se licenciaría en Derecho por la Universidad de Florida, lo que habla a las claras de su espíritu inquieto y fuerza de voluntad.
En 1970 ya se había consagrado como el mejor atleta norteamericano en 5.000 y 10.000 metros, título este último que conquistaría en cuatro ocasiones más (1971, 74, 75 y 77). Además, fue cuatro veces consecutivas campeón nacional de campo a través, logró las medallas de oro en 10.000 metros y maratón de los Juegos Panamericanos de 1971, y ese mismo año ganó el prestigiosa Maratón de Fukuoka, triunfo que repetiría en los tres años siguientes. Los años 70 –en concreto hasta su retirada, en 1977- fueron suyos. En esos ocho años no se cansó de ganar en casi todas las carreras en las que tomaba parte. Pero su mayor éxito, el título que le llevaría a otra dimensión como atleta, lo obtendría en los Juegos Olímpicos de 1972 en Munich, la misma ciudad que le vio nacer.
Los
primeros días de aquellos Juegos no pudieron ser más esperanzadores:
una espectacular ceremonia de inauguración; récord de participación
olímpica (7.134 deportistas de 121 países); y unos intensos primeros
días de competición marcados por la exhibición del nadador Mark Spitz
(siete medallas de oro,) y por el vibrante triunfo del finlandés Lasse
Viren en los 10.000 metros, con récord del mundo incluido pese a haber
quedado descolgado a mitad de la prueba por una caída. En esa carrera
Frank Shorter finalizaba quinto por detrás de Viren, del belga Emil
Puttemans, del etíope Mirus Yifter, y del español Mariano Haro.
